
Ejercitarse en la comprensión auditiva requiere una práctica regular –tanto consciente como inconsciente– a través de actividades específicas de audición y de actividades de práctica oral.
En el caso de las audiciones, habrá que facilitar –antes de la escucha– la contextualización precisa, así como informaciones enciclopédicas y aclaraciones sobre tipología textual. Además, las audiciones deben pautarse siguiendo una gradación de menor a mayor dificultad en todos los aspectos. Las grabaciones no deberán ser manipuladas para alterar su velocidad, ritmo, procesos de resilabación, etc. y, en ningún caso, se omitirán los elementos superfluos propios de toda producción oral. Por su parte, las actividades de práctica oral (para mejorar la comprensión) se centrarán: 1) en los contrastes de entonación, fundamentales para alcanzar una verdadera comprensión y para poder reconocer el énfasis; 2) en la intervención en distintas actividades de simulación, y 3) en la lectura en voz alta en todas sus fases (silabeado, lectura sintagmática y lectura de enunciados completos).